Candados en la ciudad de París

¿Por qué las ciudades se parecen cada vez más?

Si viajas por las principales ciudades del mundo te darás cuenta que hay cosas muy parecidas. No importa dónde estés.

En París encontrarás el mismo tipo de imán que en Berlín y en Buenos Aires darás con un bolso recuerdo de la ciudad similar al que te encuentras en Edimburgo.

Bolsos con los nombres de las ciudades, imanes, vasos, tazas, diseños de camisetas. En algún lugar de China estarán muy atareados produciendo lo mismo y cambiando el nombre.

Pero no se trata solo de souvenires.

Las ciudades que visitamos se parecen cada vez más y el origen de esto es algo que tal vez no queremos ver.

Nuestra voracidad viajera de la mano de una sociedad que no acepta lo diferente y donde todo debe ser “instagrameable y bonito” ha creado un monstruo del que no nos queremos hacer cargo.

Todo se parece

“Dice la leyenda que si comes esto vuelves”

“Tira una moneda al agua y se te cumple un deseo”

“El puente de los candados de los enamorados”

Estoy casi seguro que has oído o visto estas cosas en más de un destino.

Aun cuando hablemos de destinos brutalmente opuestos, en el fondo la oferta turística es casi siempre la misma.

¿Pero, por qué?

Balcones en Madrid

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han habla en su libro La Sociedad del Cansancio que como sociedad no aceptamos lo distinto. Vivimos en una sociedad donde no aceptamos lo distinto. Nos zambullimos en aquello que nos gusta y nada más.

Demandamos, nosotros viajeros, un tipo de comodidades y atracciones sin importarnos dónde estamos.

¿La culpa es nuestra?

La usuaria de Twitter y periodista María Gómez contó hace unos días que en Bárcena Mayor una pareja de turistas “torcía el morro” porque había ropa tendida en una casa. Publicó una foto y preguntó a los seguidores si esto era algo que les gustaba, generando un interesante debate.

Uno de los usuarios puntualizó que en la imagen se veía “una casa y no un parque temático”.

La demanda turística cada vez más grande (olvidemos Covid por un momento) ha crecido tanto que los destinos se han visto desbordados por la demanda.

El turista demanda una serie de comodidades y atracciones que no trastoquen su comodidad visual ni alteren lo conocido.

Las ciudades y pueblos se han convertido en parques temáticos diseñados para la atracción del viajero. Ya no son sitios donde apreciar algo auténtico, aun cuando no nos guste.

Hace un tiempo, cuando escribí No vayas a Bratislava hice referencia a este fenómeno. Medio mundo me recomendó no ir porque “no había nada para ver”.

Exactamente lo que el mundo entiende “para ver” es aquello que nos parece bonito y está dentro de nuestros parámetros.

Mi responsabilidad

Escribo sobre viajes aquí y en otros sitios y debo reconocer que también soy responsable por esto.

También, como tantos, he escrito sobre “Lo que no te debes perder en…” o “Los sitios más importantes que visitar en…”.

¿Qué puedo hacer para remediarlo?

Escribir artículos como este, como el de Bratislava o el que te recomienda No visitar la librería Lello.

Y la solución es…

Lo siento pero la solución no es sencilla.

Cambiar un sistema de turismo mundial no es algo que se pueda hacer de un momento para otro. 

Lo que importa en este mundo no es que conozcas sitios importantes, sino que compres, que generes dinero, que alimentes a pobres y enriquezcas a poderosos.

Lo que sí podemos hacer como viajeros es aceptar lo diferente, aceptar lo distinto y “feo” como parte del paisaje, de la idiosincrasia de los lugares que visitamos.

Debemos, principalmente, dejar de demandar algo que se adapte a nosotros. Debemos adaptarnos nosotros al lugar.

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2 comentarios

  1. Cuanta razón tienes con este texto, Arol… Esa uniformidad que hace que muchas ciudades parezcan parques temáticos «para agradar» cuando la belleza está en lo que hace único cada lugar.
    Curiosamente, me dijeron lo mismo de Bratislava… «Que no tiene nada». Y me pareció un lugar fascinante.
    Ahora que lo pienso, también es triste que como personas esperemos una cierta uniformidad, que los destinos se adapten a nosotros… En lugar de ser nosotros los que nos adaptamos al destino. Y sí, por bonitas que sean las ciudad, no serían como son sin la gente que vive en ellas y les da carácter. Así que viva la ropa tendida, los lugares no perfectos y la magia de lo único y especial.

    1. Hola Patricia

      A veces nos cuesta aceptar a nosotros como generadores de contenido que también tenemos la responsabilidad. No es fácil cuando piensas que hay sitios que los viajeros deberían visitar «sí o sí». Aunque creo que con el tiempo hemos aprendido a mostrar otras cosas.

      Como viajero a mi me gusta, a veces, ir sin guía ni planes a los sitios o incluso ir a sitios que no pensaba que iba a ir. Ya sabes, la sorpresa.

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