Viajar en bicicleta - Yo frente a los Kelpies con la bici de fondo

Siempre seguimos hacia adelante

Afuera llueve. Lo sé porque el golpeteo de las gotas sobre la tienda me despertó. No habría abierto los ojos tan fácil si no hubiese sido por el agua. Imagino que la bicicleta está mojada, pero ahora no puedo preocuparme por otra cosa que no sea el desayuno. Después pensaré un poco más sobre este primer día entre Edimburgo y isla de Arrán.

Viajar en bicicleta por casi 70 kilómetros ayuda a dormir mejor. También ayudan a comer más, pienso. Hay una especie de equilibrio entre cuerpo y naturaleza de la que te das cuenta solo cuando pasas un poco de tiempo alejado de la ciudad.

La fogata con la tienda de fondo

Atardecer

Estamos casi a mitad de año y en Escocia el frío no cesa. Me ayudó a pasarlo mejor cuando ayer una mujer me dio unas leñas secas para hacer una fogata. En realidad no sé si con más cálidas las llamas de un fuego o las conversaciones que se pueden tener alrededor. La mujer, entrada en años, me contó que ella es feliz allí, rodeada de cerros verdes, sus dos perros y las ovejas pero que cuando quiere descansar va a visitar a unos amigos a la isla de Skye. 

“Esto es bonito pero no deja de ser trabajo para mi”, me dice y no puedo estar más de acuerdo. Hasta la belleza más imponente sucumbe frente a la rutina y obligaciones. Se va, me deja con la leña, mi fuego y mis pensamientos sobre la vida rutinaria, los viajes y la humana necesidad de estar buscando de manera constante un recreo como si se tratara de agua para el sediento.

Yo junto a mi bicicleta posando con Ratho de fondo

La bicicleta y Falkirk Wheel de fondo

Viajeros de todo el mundo llegan cada año a visitar mi ciudad, Edimburgo, considerada una de las más bonitas del mundo mientras que yo no he dudado en subirme a la bicicleta en búsqueda de aventuras más allá de las fronteras de la ciudad.

El primer destino que escogí fue fácil. Hacer 50 kilómetros hasta los Kelpies con alguna pequeña parada en el camino no sonaba muy desafiante y mucho menos cuando el terreno es plano. En el camino me crucé con una mujer que superaba tranquilamente los 70 años y llevaba pedaleando unos 20 kilómetros solo por diversión. Le indiqué dónde podía encontrar una cafetería y la dejé con una sonrisa. Lo que no supo ella es que tan solo su presencia me dio animos de seguir un poco más. Y seguí.

Con los pedales llegaron los Kelpies, esos caballos que te matan y te comen si quieres domarlos. Llegó Falkirk Wheel y un poco más hasta soltar la tienda de campaña en un sitio para descansar en una noche corta y fresca.

La bicicleta junto a los Kelpies

Me pasa siempre lo mismo. No percibo la distancia hasta que me detengo y cuando paro creo que no podré seguir más, pero siempre sigo. La mente ayuda al cuerpo y nos empuja a seguir aun cuando el cuerpo crea que no tiene fuerzas. Ya sea con pasos o pedal siempre seguimos hacia adelante porque todos tenemos un lugar donde llegar aunque a veces no lo sepamos.


Esta es la primera parte del diario de viaje en bicicleta entre Edimburgo y la isla de Arrán, en Escocia.

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