El Museo de Bedrich Smetana en Praga

Muy cerca del puente de Carlos, en Praga, está uno de los museos que probablemente no sea el más visitado y a la mayoría de turistas y locales les pase inadvertido. Se trata del museo dedicado al compositor checo de música clásica Bedrich Smetana. Creo que junto con el Museo de Vincent Van Gogh de Amsterdam, este es uno de mis museos preferidos del mundo… y haberlo visitado me hizo inmensamente feliz.  Además, el precio del museo es un auténtico chollo viajero: 50 coronas checas que equivalen a 1,80 euros.

Bedrich es reconocido como el padre de la música checa, calificativo que seguramente a más de uno le hace tener retorcijones de estómago ya que Antonín Dvořák también es un gran músico checo. No obstante, yo siento debilidad por Bedrich y su poema «Ma Vlast» (mi patria) es probablemente una de las obras clásicas que más veces he escuchado en mi vida.

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Este compositor era también un talentoso pianista que dió su primer concierto con tan solo seis años. Pero tuvo una vida dificil: cuando llegó a Praga para estudiar música, sus compañeros se burlaban de él y le hacían la vida imposible porque era un niño de pueblo y sus modales no eran tan refinados como los chavales de la capital.

Cuando termina sus estudios, le encargan una composición para la boda del emperador astrohúngaro y cuando la presenta a sus clientes, antes de ser estrenada ante el público, éstos la rechazan porque no les parece lo suficientemente austríaca y nacional… así que Bedrich contrata a una orquesta, pagada por él mismo, para que representaran la obra en un teatro. El estreno fue un fracaso estrepitoso y Bedrich perdió mucho dinero.

Posteriormente se casa y tiene varios hijos, pero pierde a tres de sus hijas cuando todavía eran niñas víctimas de diversas enfermedades de la época, como tuberculosis y escarlatina. Unos meses después, muere también su mujer.

Y por si todo lo demás fuera poco, con sesenta años se queda completamente sordo, de los dos oídos. Una vida ciertamente llena de desgracias que parece que tiene lo peor de las vidas de otros compositores… pero que no le impidió seguir componiendo hasta el final de su vida.

Para mí, Bedrich es un luchador. Una persona que se dejaba la piel todos los días para hacer lo que él creía que tenía que hacer. Y por eso, cada vez que escucho la canción del Moldava, pienso que al final todos sus esfuerzos merecieron la pena: hoy Bedrich tiene un museo en Praga que merece la pena ser visitado. Por eso, cuando yo siento el desánimo apoderarse de mi, me acuerdo de este compositor y me lleno de fuerzas.

 piano de bedrich smetana

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