«La Gringa» y mi viaje a Polonia

Cracovia (fuente https://www.flickr.com/photos/smif/)
Cracovia (fuente)

Todas las mañanas, en los meses de frío, llegaba a casa de mi abuela una mujer delgada, de cara huesuda y muy entrada en años con las arrugas como pliegues finitos. Tenía una mirada seria, el pelo amarillo casi no se le notaba entre tantas canas. «Ahí viene la gringa. Trae la botella», decía mi abuela y algún hermano o primo salía disparado. Yo me quedaba allí, de pie, firme y con los ojos grandotes para contemplar a aquella mujer que llegaba en un carromato de ruedas de madera tirado por dos caballos. Bien amarrado, junto a su asiento de madera, tenía dos o tres recipientes grandes de metal llenos de leche que había sacado a sus vacas horas antes.

 
Qué ver en Cracovia
 

«Gringa» hace referencia, en el interior de Argentina, al color de la piel más que al origen de la persona. Una «gringa» es alguien que no sólo es rubio, sino que el color de su piel es extremadamente blanco con tonos rojizos y su pelo es tan platinado que se acerca al blanco. Cuando mi abuela no hacía referencia al color de la piel de la mujer la llamaba «La Polaca» aunque, con cinco años, yo no entendía muy bien de dónde venía aquella mujer de acento extraño. Imagino que mi abuela usaba ambos apodos porque no aprendió nunca el nombre de aquella persona y eso, le ha aportado la ignorancia de la identidad ajena a mi memoria.

Durante muchos años ese fue todo mi conocimiento sobre Polonia y sin embargo estoy aquí escribiendo esto horas antes de meterme en un avión para ir a pisar ese país del que tanto fui conociendo con el paso de los años. Preparo la mochila y pienso en los rincones que visitaré, los paseos que daré por las calles de Cracovia.

Los ojos de me han puesto como cristal con algunos párrafos de Imre Kertész y sin embargo iré a Auschwitz a no ser indiferente ni desmemoriado. No creo que pueda decir nada nuevo sobre ese lugar pero estoy seguro que ese lugar tendrá algo nuevo que decirme.

Polonia podría ser una aventura simple, un viaje más por Europa donde nos dejáramos llevar por la guía, pero es toda una hazaña con decenas de cosas por descubrir, con mucha gente que conocer, aromas que sentir y sabores que probar. Polonia es toda una aventura para quién su máximo contacto fue una mujer que llevaba leche a casa de su abuela y que ahora mirará, de pie y con los mismos ojos grandotes, cada uno de los rincones intentando buscar similitudes con los vagos recuerdos de su infancia.

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Se ve una fachada superior de una casa de piedras muy antigua y al fondo unas banderas del ayuntamiento y una sierra.

¿Y a dónde viajaremos cuando todo esto termine?

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