Arol en islas Shetland mirando a la cámara en una carretera desierta

El viaje que lo cambió todo, una experiencia personal

Era un sábado por la mañana de agosto. Yo estaba en el sillón de mi casa en Edimburgo a punto de comprar un billete para irme a Islandia. Las fechas coincidían, los precios eran muy buenos y yo tenía la tarjeta en mano. Comencé a llenar los datos para comprar el vuelo y algo me hizo cambiar la decisión.

Por esos días eran cada vez más los países que se cerraban a causa de la pandemia. Pero Islandia se mantenía en pie como una firme opción sin restricciones.

El día anterior había mirado e Islandia no se había movido. Podía viajar sin problemas.

Pero ese sábado por la mañana antes de completar los datos para la compra miré una vez más la lista de países cerrados. Y allí en la letra “i” apareció Islandia. Iban a cerrarlo esa misma noche y todo lo que yo tenía pensado se vino abajo.

Un cambio de rumbo

Ese sábado estaba yo con una tarjeta en una mano y sin un viaje en la otra. 

Frente a un problema tenemos dos caminos: o nos quedamos en el sillón llorando o salimos a enfrentarlo y buscar alternativas. Yo, cabeza dura que soy, fui a por la segunda opción.

Una foca levantando la cola en contraste con el mar

Estaba claro que iba a viajar dentro de Escocia porque es el país en el que vivo hace muchos años. Pero también quería ver auroras boreales e ir a un sitio remoto.

Sin soltar la tarjeta me acordé que entre la interminable lista había un destino que me apetecía mucho: las islas Shetland.

En pocos minutos había cambiado de viaje y, sin saberlo aún, de destino. Estaba entrando en un territorio del que no iba a querer salir y que me ha cambiado por completo y es de lo que te quiero hablar hoy.

Sin saberlo iba a poner en práctica el mindfulness mientras viajas del que te hablé hace algunos años.

El viaje inspirador

Lo primero que decidí con el viaje a las islas Shetland es que quería que fuese un viaje de verdad. Quería sentir que me movía de un punto al otro. Es como cuando viajo en tren, sé que voy de un lugar a otro porque lo veo. Eso se pierde con el avión.

Acantilado con agua cristalina

Decidí que iba a viajar en tren hasta el norte de Escocia y desde allí tomar un ferry que me llevaría por el Mar del Norte durante 14 horas. 

El viaje en sí tenía que ser una experiencia. Y así fue.

El barco se movió un poco pero la experiencia no tiene comparación. He dormido con comodidad, he tenido tiempo de leer, de mirar las estrellas en el medio del mar y de salir para contemplar el aire.

Sentí que estaba viajando, que me movía realmente por el planeta hacia un lugar desconocido.

¿Qué cambió?

Tal vez fue ese momento de viaje en tren y barco que me hizo dar cuenta cuánto me gusta moverme por tierra.

Pero sin duda hubo algo más.

Shetland es un sitio remoto, desconocido por la mayoría de los viajeros internacionales y eso hace que este sitio conserve ese espíritu original sin recurrir a maquillarse como atractivo de masas.

Todo eso suena bonito, pero no ha sido el motivo principal por el que considero que viajar a Shetland fue una de las mejores cosas que hice en mi vida.

Acantilado frente al mar en un día despejado

Allí me di cuenta que los viajes relámpagos a ciudades están bien. Que ir a París una vez al año o visitar Londres es interesante. Pero lo que de verdad me mueve es el contacto con la naturaleza y la tranquilidad.

Llorar entre animales y naturaleza

Había caminado unos ocho kilómetros hasta llegar a St Ninians Isle. Uno de los sitios deshabitados más preciosos que he visto en mi vida.

Estaba cansado, atraído por el paisaje pero cansado. Así que me senté junto a un acantilado y descansé.

Descansé más de tres horas. Me tumbé, dormí una siesta en una isla desierta y cuando me desperté estaba rodeado por cientos de aves, focas, ovejas y conejos de diferentes colores. El cielo azul intenso y el mar azotando la costa.

En ese momento he llorado. Emocionalmente atrapado por la naturaleza he vuelto a las raíces, a darme cuenta que los mejores viajes para mi están relacionados con la naturaleza, con el verde, con los animales.

Ovejas caminando con el mar de fondo

El mundo es tan bonito, tan inmensamente precioso que la mejor manera de apreciarlo es en su estado natural.

No me arrepentiré de decir que, posiblemente, mi viaje a Shetland es el viaje que lo cambió todo.

Repensar los viajes

Lo que te he contado es una historia personal muy personal y desde un punto de vista de una persona que ha incorporado la ecoterapia como una herramienta para sanar muchos problemas.

¿Esto significa que tenemos que dejar de viajar a las ciudades? No. Esto significa que tenemos que encontrar ese viaje que nos llene, que nos haga felices y que nos haga pensar que viajar es mucho más que poner marquitas en un mapa.

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Colina muy verde vista desde abajo a los pies de 3 pequeños árboles.

Lo que aprendimos los viajeros

Se ve una fachada superior de una casa de piedras muy antigua y al fondo unas banderas del ayuntamiento y una sierra.

¿Y a dónde viajaremos cuando todo esto termine?

Arol en un puente sobre los canales de Ámsterdam mirando a la cámara un día nublado.

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Feliz Navidad, viajeros

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